Abracé mi Victoria

fe Mar 18, 2022
 Este blog fue escrito por Lala Rodríguez en el año 2020. 

Ser  mujer trae consigo el afrontar diferentes desafíos y retos, pero es nuestra decisión cómo les hacemos frente. Soy una mujer que ha vivido y superado varios de ellos, pero el que más ha marcado mi vida hasta ahora ha sido el desafío de ser mamá.

 

Llevo 7 años felizmente casada, y como cualquier pareja que ha fundamentado su vida en Cristo anhelábamos la promesa de la descendencia, en nuestro segundo año de matrimonio recibimos la maravillosa noticia de que seríamos padres, no podíamos estar más felices. Comencé el embarazo con mucha ilusión, toda la emoción me envolvía día a día. Pero las cosas cambiaron al cuarto mes, después de ir a control con mi médico, jamás imaginamos recibir un dictamen negativo; nuestro hijo a quien llamamos Lucas, no venía bien. 

 

El embarazo se complicaba pero mi esposo y yo solo confiábamos en que el Señor tenía un plan. Convivimos con ello en una fe total, pero cuando pensábamos que lo superábamos, en el séptimo mes una preeclampsia severa (enfermedad en las gestantes) agravó todo y finalmente nuestro bebé Lucas falleció.

La confusión y la oscuridad de este episodio fue la lucha más grande de mi vida, la frustración y la tristeza inundaban mi corazón, solo me quedaba una cosa: confiar en el Señor y creer que había un plan.

 

Como mujer, sentía vergüenza, sentía que nunca iba a ser mamá, que no cumplía con los requisitos para serlo, que de pronto el Señor no confiaba en mí para esta tarea; esto se convirtió en mi gigante. 

 

Todo el tiempo oraba al Señor por un milagro, íbamos a los médicos, pero me decían que no tenía probabilidad de volver a quedar embarazada, que era muy difícil por lo que había vivido antes. Recuerdo que uno de ellos me dijo: “Laura, hay 4 razones por las que una mujer no puede quedar en embarazo y tú tienes las 4”...  Nada alentador, ¿verdad? Si has pasado por un desafío, sabes de lo que te hablo.

 

El Señor nos entregó la promesa de que tendríamos hijos, así que de esa promesa me aferré para reclamar día a día, no fue fácil, mi fe fue probada en cada instante, los dardos del enemigo atacaban con más fuerza al pasar el tiempo, me comparaba con mis amigas que quedaban en embarazo, me frustraba cuando sentía que pasaban los años y no pasaba nada, solo noticias negativas, solo tenía una promesa, pero solo una promesa me bastó.

 

Sabía que entre más fuerte la batalla mayor sería mi Victoria, y así fue. En el 2019 recibí la mejor noticia: ¡¡estaba embarazada!! No sabía ni cómo decírselo a mi esposo, aún dudaba de que fuera real. Una mañana mi esposo, luego de orar, me saludó y me dijo: “mi amor, el Señor me acaba de anunciar que estás embarazada” ¡No tuve que decirle, el mismo Señor lo hizo!



Hace 2 meses ABRACÉ MI VICTORIA, nació mi preciosa hija ANA VICTORIA, ella representa que el Señor me escuchó y la Victoria de Jesús en la cruz es para mi. 

 

Hoy puedo disfrutar la maravillosa bendición de ser mamá, el Señor me dio la victoria en mi mayor desafío, a través de su palabra porque es completamente cierto que una palabra del Señor basta para sanar. 

 

Si tienes una palabra, que es una promesa de parte de Dios, ya lo tienes todo, hoy puedes acercarte a Dios quien sin duda no te enviará con las manos vacías, su generosidad no tiene límite y tiene reservado un milagro para ti, ¡una VICTORIA para ti!

 

 Lala Rodríguez

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